PRESENCE
Presence (2025)
Desde siempre, toda historia de fantasmas ha sido reclamo perfecto para que el público abarrote los cines. Y si se trata de una en la que los fantasmas no saben que lo son, con más razón. Ya pasó con el Sexto sentido o con Los Otros…
Esta PRESENCE juega a ser lo mismo pero no lo es. Es más, no creo ni que se trate de una película. Soderbergh nos ofrece un ejercicio de estilo que se parece más a un proyecto de fin de carrera que a otra cosa.
Esta vez seré breve, como la duración de este film.
¿La historia?, pues ya la sabéis, lo típico: familia nueva que se muda a una casa y en ella habita un ente. Hasta aquí nada del viejo mundo, ¿la novedad?: pues que TODA la película está narrada desde el punto de vista del muerto.
A mi me pareció suficiente reclamo como para pagar los 13 euros que me roban cada vez que piso una sala comercial en este país. Y sí, al principio parece que la cosa funciona, pero desgraciadamente, pasados 20 minutos todo se vuelve monótono y reiterativo. Las tramas no convencen, los personajes no avanzan, la música no ayuda y para colmo, el guión de Koepp hace aguas por todas partes.
Un ejemplo: la presencia es capaz de mover libros y apuntes, de destrozar estanterías y habitaciones enteras pero incapaz de tocar a las personas… no entiendo nada. Es más, yo no sé vosotros, pero a mi me empiezan a volar trofeos, sillas y almohadas delante de mi cara y no vuelvo a entrar a esa casa en la puta vida…esta gente se queda allí como si nada pasase…no te va a hacer daño, le dice un personaje a otro…jajaja, si tú lo dices…
Cuando llega el tercer acto y aparece un asesino en serie, ya es de risa incontrolable. El final de la cinta es para echarse a llorar, ridículo.
No hay una sola pieza que acabe de encajar en este ejercicio que nos cuenta un director sobradamente capaz de hacer cosas mejores.
Nos quejamos de que nadie va al cine, en mi sesión había 20 personas el día del estreno… pero es que, cojones, lo que ofrecemos es para que se marchen y no vuelvan…
Seguimos…vengaaaa, no perdamos la esperanza.